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No es posible decirse aliado LGBT y dar espacio a personas transfóbicas

Del mismo modo en el que no concibo un panel sobre lactancia en el que todos los participantes sean hombres cisgénero, tampoco imagino un panel sobre derechos humanos y diversidad con quienes no consideran que las trabajadoras sexuales deben tener derechos y quienes no reconocen la existencia de las infancias trans (cuya ley, por cierto, lleva más de un año congelada en la Ciudad de México). 

Sin embargo, eso es justamente lo que vimos ayer durante la reunión plenaria de diputados y senadores del Partido de la Revolución Democrática (PRD), un partido que tiene entre sus lemas «Si la diversidad no está, la democracia no va». Durante el Panel 2, titulado Seguridad, justicia, derechos humanos y diversidad (ojo con el título del panel, porque es sobre diversidad, aunque hubo quien la entendió por otro lado), escuchamos a la licenciada Arussi Unda, vocera del Colectivo Brujas del Mar, ir en contra de los derechos de las trabajadoras sexuales al confundir el trabajo sexual con trata de personas. 

«Nuestro cuerpo es nuestro y me parece un mensaje bastante claro el que no tengamos autonomía de nuestro cuerpo, ya hablando de los vientres de alquiler, el aborto o la prostitución, mal llamada trabajo sexual», dijo durante su participación. Al parecer para Unda «nuestros cuerpos son nuestros», a menos que seas trabajadora sexual, porque de ser el caso, eres una mujer sin capacidad de decisión, sometida por el sistema patriarcal y digna de ser rescatada. Es de no creerse que a estas alturas haya espacios en donde se problematizan las vidas de ciertos grupos poblacionales sin que haya representantes de estos sectores para hacer valer su voz y su vivencia. 

Fue particularmente paradójico que la diputada perredista Mónica Bautista Rodríguez, quien fungió como moderadora, hiciera hincapié en que de 2014 al 17 de mayo de 2020 se tiene registro de 209 crímenes de odio, con las mujeres trans como principales víctimas, para luego presentar a la vocera de un colectivo que mantiene una agenda públicamente transfóbica. «Amable recordatorio de que no existen las infancias trans, es puro maltrato y abuso infantil», ha llegado a sostener Brujas del Mar. 

¿Es esta postura a la que quiere sumarse el PRD? Porque si es así, no se explica que el partido emplee los colores de las banderas LGBT y Trans para presuntamente mostrar que su ejercicio en el poder vela por los derechos de estos grupos vulnerables. 

En honor a la sinceridad, he de mencionar que la propia Arussi Unda se mostró desconcertada al iniciar su intervención en el panel. «Estoy un poco confundida, no sé si tengo qué hablar de la diversidad sexual o cómo», dijo al principio. Para la activista, más que hablar de diversidad, lo importante era hablar de la violencia contra las mujeres (una causa en la que sin duda coincido con ella, aunque no me parece menor que las violencias contra las disidencias sexuales). 

Unda subrayó que en México se cometen diariamente 11 feminicidios y se mostró desconcertada de que «en este gobierno de la paridad», con una «representación histórica de mujeres en los congresos, esté habiendo un grave retroceso en los derechos de las mujeres». Nuevamente coincido con ella. 

Sin embargo, me parece que tanto los grupos políticos como la sociedad debemos prestar mucha atención a desde dónde se habla de feminismo y de qué manera se le articula. Arussi Unda echó mano de la lucha feminista para sostener su postura en contra del trabajo sexual y los vientres de alquiler. «Desde el feminismo la agenda es clara», pronunció, sin mencionar, claro, la pluralidad de feminismos y las distintas causas por las que luchan. 

Apenas el fin de semana pasado, la periodista y escritora Nuria Alabao hacía énfasis en que hay cierto feminismo que converge con la extrema derecha:

«No solo no compartimos todas el mismo horizonte de emancipación, sino que el feminismo se puede usar para frenar derechos –como en el caso de las personas trans o el de la criminalización de las trabajadoras sexuales–, reforzar las fronteras y el Estado penal y carcelario, justificar la islamofobia y el racismo, impulsar cruzadas neocoloniales o atacar la libertad de expresión. Las que con su discurso o sus propuestas refuerzan el proyecto político postfascista no están de nuestro lado, no son compañeras. A lo sumo, podrá haber una alianza contingente en determinadas cuestiones. En otras, las tenemos en frente».

Qué razón tiene Nuria al señalar que sí, en ocasiones hay puntos de acuerdo: ayer, por ejemplo, Unda urgió a diputadxs y senadores del PRD a legislar la despenalización del aborto, a luchar por el rescate de las instituciones que velan por la seguridad de las mujeres, y por que haya personal capacitado en dichos espacios para atender los casos relacionados con violencia contra la mujer. Hasta ahí, ni un pero.

El problema llega cuando éstas no son las únicas causas (ni, en ocasiones, las más importantes) para colectivos como Brujas del Mar. «Sincerándome y saliéndome del protocolo (…), realmente me parece que uno de los temas es que abordemos el tema de las mujeres como si fuera un tema de género (sic); empezando por ahí, cuando lo ponemos en tema de género se desdibuja cuáles son los derechos basados en el sexo que nosotras debemos tener que son distintos, que son específicos, tan específicos como las violencias que nos atraviesan sistémica y estructuralmente». 

Lo que Unda dice a nuestros legisladores es que hagamos a un lado la categoría «género» que justamente es la que nos enfrenta a la construcción social que se ha hecho de nuestros cuerpos sexuados. Para Arundi, es el sexo El Factor que determina las violencias contra las mujeres. Olvida mencionar, por ejemplo, otras categorías como clase, raza o condiciones de neurodivergencia.

«Día a día vemos cómo muchas de estas feministas (…) podrían luchar contra la falta de derechos de las trabajadoras domésticas o de cuidados; la carencia de alternativas reales para las trabajadoras sexuales; la situación de vulnerabilidad en que quedan las mujeres migrantes sin derechos donde se dan los peores abusos –también sexuales–; la falta de vivienda o de recursos que empujan a muchas mujeres a aguantar situaciones de violencia por falta de alternativas… pero no lo hacen», nos recuerda Nuria Alabao, quien además advierte que «la confluencia argumental o táctica entre conservadurismos y ciertos feminismos que se ha dado ya en otros momentos de la historia implica un claro declive de su potencia como movimiento».

En un punto de nuestra democracia en el que los partidos políticos y coaliciones están ya obligados a postular candidatxs con discapacidad, indígenas, afromexicanos y de la diversidad sexual, me parece importante poner este tema sobre la mesa. Necesitamos que la representación no sea simulación, que los partidos políticos observen y analicen muy bien a qué voces dan espacio, ya sea en sus foros o entre sus candidaturas. Y es que, por desgracia, hoy día ser mujer no es sinónimo de abogar por los derechos de las mujeres, del mismo modo en que ser feminista no es sinónimo de ser antirracista… tampoco ser parte de la diversidad sexual es garantía de no ser misógino. 

Necesitamos, pues, en la sociedad y entre nuestros representantes un punto de vista interseccional para que de ese modo se hagan valer los derechos de todos los grupos poblacionales y se dé especial seguimiento a aquellos de grupos vulnerables. 

Particularmente de cara al proceso electoral que se avecina, será fundamental que los partidos políticos y coaliciones sean congruentes con las causas que dicen apoyar. No es posible, por ejemplo, que el PRD se presuma defensor de los derechos de la comunidad LGBT y su coalición en Baja California (con el PAN y el PRI) esté buscando a Lupita Jones para lanzarla como candidata a la gubernatura del estado. No es posible, luego de que la ex Miss Universo ha pronunciado comentarios abiertamente transfóbicos en repetidas ocasiones. No es posible, claro, a menos que sus preocupaciones sean otras.

  • Twitter, Facebook, Instagram y TikTok: @laurelyeye
  • YouTube: Láurel Miranda
  • Este texto, que forma parte de mi blog #SerEsResistir, se publicó originalmente en otro medio.

Láurel Miranda es una mujer trans, periodista, licenciada en Ciencias de la comunicación y egresada en Historia del arte por la UNAM. Se desempeña en el área digital de Grupo MILENIO como SEO manager; es profesora de periodismo multimedia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y de Marketing Digital en la Universidad de la Comunicación. Ama a su familia, su gato y el chocolate caliente.

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